
Sor Juana Inés de la Cruz
La monja es una discípula de Góngora y termina afirmando que Sor Juana Inés de la Cruz es una poetisa mediocre. Las obras de Sor Juana han sido muchas, pero que sólo el siglo XX ha hecho real justicia.
El siglo XVII es un siglo silencioso para las mujeres, el momento en que vuelven a las peores expresiones de la opresión masculina, cuando después del capítulo renacentista, que parecía anunciar algún grado de flexibilización de preeminencia racionalista, han de volver a la cocina, y a la maternidad.
Sor Juana Inés de la Cruz muestra con clara evidencia que aun los seres llamados a realizar grandes empresas, sólo pueden explicarse dentro del marco de su tiempo.
La obra y la existencia de Sor Juana Inés corresponden, a un período de crisis como lo fue la segunda mitad del siglo XVII, representada por las primeras manifestaciones de "barroco" mexicano.
Época dramática la que vivió la monja excelsa, su protesta íntima y su inconformidad latente contra el régimen de intolerancia espiritual y de opresión social dominante en su tiempo.

Pintura la familia
De murillo
En este cuadro, vemos a la Virgen María con San José y el niño Jesús, en una escena dulce e íntima de familia, el niño sonríe mientras juega con un pajarito, y los padres lo miran con ternura y orgullo. No todo es felicidad en el cuadro, sin embargo: el pajarito en la mano del niño Jesús, porque come plantas espinosas, evoca la corona de espinas y el futuro sufrimiento de Cristo. La devoción a San José había crecido en el siglo XVII, y Murillo le da una posición central en el cuadro, representándolo como una figura admirable, modelo del padre ideal. Las cabezas del perrito, del niño Jesús y de San José forman una diagonal; esta composición en diagonal es típica de la pintura barroca.
Además de ello la imagen y el contraste que se le da al color y la oscuridad pueden reflejar el tiempo en el que se vivía









